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SINOPSIS.
El demonio está en casa.
No viene del fuego, sino del pensamiento.
No tiene forma propia ni habita en mitologías antiguas.
Toma la figura exacta de quien lo percibe: su reflejo invertido.
No es un invasor. Convive.
Es una fuerza incorpórea que adopta la misma magnitud —no más, no menos— que quien lo porta.
Pensamiento cuando calla. Silencio cuando actúa.
No tiene cuernos ni pezuñas.
Habita en la sinapsis, donde una idea se confunde con un impulso, y ese impulso se transforma en acto.
El demonio de mi casa no habla del mal absoluto, sino del mal posible.
Del mal cotidiano.
Del que no necesita testigos ni justificaciones.
A través de relatos marcados por la culpa, la violencia contenida y la fragilidad moral, este libro explora una verdad incómoda:
el enemigo rara vez está afuera.
Al demonio nunca dejas de mirarlo en el espejo.
El hombre es el demonio.